conoZe.com » bibel » Otros » Julián Marías » Julián Marías: artículos 2000

Gilberto Freyre

Acabo de escribir este título, y me asalta una duda: cuántos lectores españoles sabrán de qué se trata, de quién se trata, de uno de los hombres más extraordinarios del siglo con el cual nació, precisamente en 1900, y que casi entero ha llenado. Cuando pienso en los nombres que son invariablemente señalados a nuestros contemporáneos, apenas sin contenido, asombra el reparto actual de las luces y las sombras, y por tanto la imagen de la realidad. Y he buscado el nombre de Gilberto Freyre en una inmensa y excelente enciclopedia, y he encontrado en ella un artículo de unas ocho líneas.

Tuve la fortuna de conocer a Gilberto Freyre hace casi medio siglo; fui lector entusiasta de sus libros; todavía más, fuimos amigos próximos hasta su muerte.

Era brasileño, casi iba a decir que era el Brasil, porque nadie lo ha representado mejor y con más intensidad; pero nos conocimos en la Universidad de Heidelberg, donde coincidimos dando unas conferencias. Al año siguiente, en 1954, conocí el Brasil, y allí leí el admirable libro de Freyre, Casa-Grande & Senzala. Fue una combinación infrecuente de deslumbramiento intelectual y placer literario.

Como todos los libros de su autor, es "excesivo": derrama sobre el lector... realidad a manos llenas. Todo está vivo, refulgente, lleno de sorpresas, se diría que en estado naciente.

Es inverosímil lo que Gilberto Freyre sabía: había estudiado con brillantez, en los Estados Unidos, en Inglaterra, en Francia, en Alemania; dominaba estas lenguas, además del portugués entrañable y el español que consideraba igualmente propio. Uno de sus libros se titula O brasileiro entre os outris hispanos, y se pasó la vida estudiando e interpretando esa manera de ser humano que es el nuestro.

Se suele llamar a Freyre "sociólogo" e "historiador"; era ambas cosas, pero ambas palabras le resultaban angostas. Era un intelectual en el sentido más pleno y real de la voz, hoy tan disminuida, y por ello era intrínsecamente un escritor. Autor de un libro autobiográfico, Tempo morto e outros tempos, de los quince a los treinta años, de deliciosa lectura. Todo en sus páginas está vivo, visible, tangible, lleno de sabor y perfume, como corresponde a un libro nacido en el Brasil. Gilberto Freyre pudo vivir y enseñar en todos los países más ilustres, pero decidió volver a Pernambuco, a Recife, vivir en una casa en Santo Antonio dos Apipucos, escribir en portugués o en lo que se terciara. No quería cambiar la realidad por otras cosas, ni siquiera valiosas y respetables. Sentía amor a la realidad en sus raíces, pero no se encerraba en ellas y se extendía a todo. Es la manera más propia y actual de lo que en otros tiempos se llamaba amor fati. En esa actitud abierta, abarcadora, generosa, veía Freyre su amor al destino.

Se había sumergido en el fondo de la vida de nuestros pueblos, hispanos, lusos, tropicales, que poseía a fondo y de lo cual sabía extraer refinadas esencias. Tantas veces, por tosquedad, por mal entendido "primitivismo", se ha renunciado a refinamientos que en otras formas de vida se han hecho valer, se ha renunciado a niveles accesibles y dominables, renuncia suicida a lo mejor y que estaba al alcance de la mano.

En esta tentación no cayó Gilberto Freyre, que no se creyó obligado a renunciar a lo más refinado ni a lo más inmediato, real y sensible. Por eso es una incomparable introducción al Brasil, pero no sólo a eso: tuvo la más clara conciencia de pertenencia a una comunidad más amplia, que pierde con su fragmentación; hay que integrar todo lo que él veía como una unidad, y es pecado mortal que los españoles de lengua y filiación estricta no utilicen la obra fecunda e integradora de Freyre para entender su peculiaridad. El día que Gilberto Freyre sea "propio" de los que hablamos español, habremos tomado posesión de parte esencial de nosotros mismos.

El amor a la realidad entera era un rasgo constitutivo de Gilberto Freyre. De ahí su "ingenuidad", su "inocencia" -si se me entiende bien-, el temple más creador que conozco, el único verdaderamente creador. Le he oído decir a Freyre: "Me gustan los elogios como a los niños los dulces". ¿Quién se atrevería a decir algo así? Alguien tan seguro de sí como un niño, capaz de vivir con espontaneidad.

He escrito varias veces sobre Gilberto Freyre. Ahora se conmemora el centenario de su nacimiento. Pienso volver a escribir sobre él, y habrá que hacer algunas cuentas. Habrá que recordar que sus compatriotas lo miraron algunos años con malos ojos, por esas fases de incomprensión y error que cruzan los países o los que usurpan su representación, cuando dominan las malas pasiones y la ignorancia; o la envidia, que "es amarilla, porque muerde y no come", como dijo Quevedo.

Volveré a escribir sobre mi amigo Gilberto Freyre; hoy no; sólo he querido recordarlo, evocarlo, hacer que vuelva a mi memoria con la mayor nitidez posible. Estoy tratando de comunicar a mis lectores, si los tengo, el deseo de las páginas que escribió Gilberto Freyre, con la promesa de que las encontrarán tan vivas y frescas como si se acabaran de haber escrito.

Y la seguridad de que encontrarán en ellas la otra mitad de la realidad que españoles y portugueses -y sus estirpes íntegras- poseemos repartida, dividida, como separada por un río que se puede casi alcanzar con la mano.

Creo que Gilberto Freyre habría sentido profunda alegría al pensar que a los cien años de su nacimiento algunos españoles y algunos brasileiros se iban a sentir "entre os outros", es decir, más ricos, más completos, más verdaderos.

Pienso que ya son compartidas por nosotros muchas más cosas que hace un siglo. Tal vez estamos en camino hacia nosotros mismos.

Ahora en...

About Us (Quienes somos) | Contacta con nosotros | Site Map | RSS | Buscar | Privacidad | Blogs | Access Keys
última actualización del documento http://www.conoze.com/doc.php?doc=2022 el 2005-03-10 00:25:38