conoZe.com » bibel » Otros » Julián Marías » Julián Marías: artículos 2000

México 1963 - 2000

México es un país extremadamente importante y de vivo interés. Su magnitud, su complejidad, su apasionante historia, desde los múltiples y remotos orígenes hasta el presente, todo ello hace que la necesidad de entender su realidad tropiece con grandes dificultades. Entre todos los países de América, su condición de injerto, propia de los hispánicos -a diferencia de la de trasplante de los que no lo son- es evidente, y sin ella nada se puede entender. Pronto me di cuenta de que, de todos los países hispanoamericanos, es a la vez el más parecido a España y el más diferente.

He visitado México varias veces, he recorrido gran parte de su territorio, difícilmente abarcable. Mi primer viaje fue en 1963, al que siguieron unos cuantos más. Recuerdo uno, que resultó ser excepcional: había estado en el Perú, que conocía desde 1951, y pocos meses después estuve en México. Las dos visiones de los más antiguos e importantes Virreinatos, el del Perú y el de Nueva España, casi se confundieron por su proximidad. Esto me hizo ver América de manera que se descubrían tanto sus profundas afinidades como sus diferencias. Siempre he pensado que esta experiencia le hubiese faltado a Ortega, cuyo conocimiento real de América se limitó a la Argentina, Chile y el Uruguay, es decir, a la relativamente "reciente" y austral.

En aquel primer viaje recorrí gran parte de México, incluso algunas comarcas no muy visitadas, como los Estados septentrionales de Sonora y Sinaloa. En Hermosillo, Sonora, di una conferencia en la Universidad, a la que siguieron muchas preguntas. Entre ellas, sobre la situación política de México, gobernado invariablemente por el PRI, el Partido Revolucionario Institucional. Recuerdo muy bien mi respuesta. No es discreto hablar de la política de un país que no es el propio, pero se pueden hacer consideraciones generales sobre situaciones históricas. Cuando un partido ha sido decisivo en la constitución de un país -así el Partido del Congreso en la Independencia de la India, o el PRI tras la Revolución mexicana-, su gravitación es tal, que parece normal que sea el único partido con posibilidad real de alcanzar el Poder. Con dos condiciones -añadí-: la primera, que haya la posibilidad real de formar otros partidos que convivan con el principal; la segunda, que esta situación no se prolongue mucho tiempo.

La reacción del auditorio me dio la impresión de que en su mayor parte compartía aquel punto de vista: comprendía lo que había sucedido hasta entonces, pero deseaba una variación sustancial; se habían llevado demasiado lejos las consecuencias del largo período revolucionario. Esa variación acaba de producirse: el año 2000, treinta y siete años después de mis palabras en Sonora. Es evidente que yo no pensaba en tanta demora. Los molinos de los dioses muelen despacio, como decían los antiguos, pero en ocasiones esa lentitud es excesiva; otras veces, el apresuramiento es peligroso y puede ser funesto. En el caso de lo que se llama la transición española, siempre me di cuenta de que fue precioso el hecho de que el liberalismo en todos los órdenes se estableciera desde la llegada de la Monarquía, pero la democracia no llegó hasta junio de 1977: este año y medio de libertad plena sin elecciones fue la clave del éxito, porque esto permitió la formación de una "opinión pública", que no existía, más allá de las incontables opiniones privadas. En las primeras elecciones se votó con conocimiento, equilibrio, cordura, sin temor, ni arrebato, con posibilidad de acertar. México es mucho más extenso y poblado que España; su complejidad es mucho mayor; el período que ahora se liquida, mucho más largo, setenta y un años. Pero hay semejanzas, sobre todo un pasado de violencia, ya remoto pero que no se puede olvidar y que ejerce una acción beneficiosa, yo diría salvadora, si se lo ve como absolutamente pretérito y superado, si no se tolera ningún intento de avivar su rescoldo.

Tengo la impresión de que los mexicanos sentían ya la necesidad de "poner su casa en orden". Esto hay que hacerlo de vez en cuando, y es mejor hacerlo cuando el desorden no ha sido todavía excesivo y puede remediarse fácilmente.

Hay que volver los ojos al pasado, pero la vida se hace hacia delante, y hasta se cuenta desde los proyectos. Sería esencial que México mirase sobre todo a su porvenir; es decir, que use ante todo su imaginación. El larguísimo tiempo que ha quedado atrás tiene dentro de sí considerables variaciones; puede haber la tentación de "elegir" entre ellas; otra tentación sería olvidar el conjunto. No se podrá hacer con perfección la transformación necesaria y deseada sin un uso a fondo del pensamiento: no ocultaré mi convicción de que suele escatimarse, y es un riesgo de difícil superación.

Lo decisivo, sin embargo, es otra cosa: la salvación de la concordia. Mi último libro, una colección de artículos sobre la convivencia, lleva un subtítulo expresivo: Concordia sin acuerdo. El acuerdo no es necesario, se puede diferir, discrepar en muchas cosas; se puede ver la realidad con diversas interpretaciones.

Los proyectos pueden y deben ser plurales. Pero nada de eso es posible sin concordia, sin la profunda, radical decisión de convivir, de vivir juntos, no meramente "coexistir". Convivencia es una espléndida palabra española. La mera "coexistencia" -de cosas o de personas con cosas- no basta. Pienso a veces que esa palabra, convivir, ha sido la clave de casi todo lo bueno realizado por españoles, y el ejemplo máximo ha sido América.

La fecundidad de esta actitud es tal, que ha tenido como resultado la existencia actual de algo tan prodigioso -y con frecuencia tan poco estimado- como el mundo hispánico, que empieza por ser con plena realidad un "mundo", un repertorio de creencias, ideas, usos, costumbres, estilos de vida, proyectos, con una sorprendente unidad en la asombrosa variedad. Eso que hace posible que todos nos sintamos "en casa" en los diversos aposentos de esa casa inmensa.

Espectáculo apasionante, este cambio de postura de México. Nada menos, pero tampoco más. Si recapitula el pasado, lo posee y depura, si mira al porvenir, si se imagina dentro del contexto real en el que existe -el mundo hispánico, América, Occidente-, si se esfuerza por no perder ni destruir nada, si pone en juego la admirable vitalidad que se encuentra en México por todas partes, se podrá tener confianza en el porvenir, y no solo dentro del país de que se trata, sino de todo su contexto, del mundo de que México es, y sobre todo puede ser, un miembro insustituible.

Ahora en...

About Us (Quienes somos) | Contacta con nosotros | Site Map | RSS | Buscar | Privacidad | Blogs | Access Keys
última actualización del documento http://www.conoze.com/doc.php?doc=2035 el 2005-03-10 00:25:38