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Algo más que deporte: Borja un chico muy especial

Estamos en una cena de final de curso. Es en una escuela de Educación Primaria. El padre de un estudiante con necesidades educativas especiales, pronunció unas palabras que nunca serán olvidadas por las personas que lo escucharon.

Después de felicitar y exaltar a la escuela y a todos los que trabajan en ella, este padre hizo una pregunta:

«Cuando no hay agentes externos que interfieran con la naturaleza, el orden natural de las cosas alcanza la perfección. Pero Borja, mi hijo, no puede aprender como otros niños lo hacen. No puede entender las cosas como otros niños. ¿Dónde está el orden natural de las cosas en mi hijo, me he preguntado muchas veces? ¡Pues sí, lo hay, está en vosotros mismos!»

La audiencia quedó impactada.

El padre del niño continuó diciendo: «Yo creo que cuando un niño como Borja, física y mentalmente discapacitado viene al mundo, una oportunidad de ver la naturaleza humana se presenta, y se manifiesta en la forma en la que otras personas tratan a ese niño».

Entonces, contó que un día caminaba con su hijo Borja cerca de un parque donde algunos niños jugaban a béisbol. Borja le preguntó a su padre: «¿Crees que me dejarán jugar?»

Su padre sabía que a la mayoría de los niños nos les gustaría que alguien como Borja jugara en su equipo. Pero el padre también entendió que si le permitían jugar a su hijo, le darían una gran alegría y la confianza de ser aceptado por otros, a pesar de sus dificultades.

El padre de Borja se acercó a uno de los niños que estaban jugando y le preguntó (sin esperar mucho) si Borja podría jugar.

Aquel niño miró alrededor por si alguien pudiera aconsejarle, pero rápidamente dijo: «Estamos perdiendo por seis carreras y el juego esta en la octava entrada. Supongo

que puede unirse a nuestro equipo y trataremos de ponerlo a batear en la novena entrada».

Borja se desplazó con dificultad hasta el banquillo y con una amplia sonrisa, se puso la camiseta del equipo, mientras su padre lo contemplaba emocionado.

Los otros niños vieron la felicidad del padre cuando su hijo era aceptado.

Al final de la octava entrada, el equipo de Borja logró anotar algunas carreras pero aún estaban detrás en el marcador por tres.

Al inicio de la novena entrada, Borja se puso un guante y jugó en la zona derecha del campo.

Aunque ninguna pelota llegó a Borja, sólo por estar en el juego y en el campo ya estaba disfrutando, sonriendo de oreja a oreja, mientras su padre lo animaba desde las gradas.

Al final de la novena entrada, el equipo de Borja anotó de nuevo. Ahora, con dos «outs» y las bases llenas, hacer carrera para obtener el triunfo era una posibilidad y Borja era el siguiente en batear.

Con esta oportunidad, ¿dejarían a Borja batear y renunciar a la posibilidad de ganar el juego? Sorprendentemente, Borja ya estaba en la zona de batear.

Todos sabían que un solo «hit» era imposible porque Borja no sabía ni cómo agarrar el bate correctamente, mucho menos pegarle a la bola.

Sin embargo, mientras Borja se paraba sobre la base, el «pitcher» reconoció que el equipo estaba dispuesto a perder para permitirle a Borja un gran momento en su vida. Así pues, se movió unos pasos al frente y tiró la bola muy suave para que Borja pudiera al menos hacer contacto con ella.

El primer tiro llegó y Borja abanicó torpemente con el bate y falló.

El «pitcher», de nuevo se adelantó unos pasos para tirar la bola suavemente hacia el bateador.

Cuando el tiro se realizó, Borja golpeó la bola suavemente justo enfrente del «pitcher».

El juego podría haber terminado. El «pitcher» podría haber recogido la bola y haberla tirado a la primera base. Borja hubiera quedado fuera y habría sido el final del juego.

Pero, el «pitcher» tiró la bola sobre la cabeza del niño en primera base, fuera del alcance del resto de sus compañeros de equipo. Todos desde las gradas y los jugadores de ambos equipos empezaron a gritar: «¡Borja, corre a primera base, corre a primera!». Nunca en su vida Borja había corrido esa distancia, pero logró llegar a primera base. Corrió justo sobre la línea, con los ojos muy abiertos y sobresaltado.

Todos gritaban: «¡Corre a segunda!» . Recobrando el aliento, Borja, con

dificultad, corrió hacia la segunda base.

Para el momento en que Borja llegó a segunda base el niño de la zona derecha del campo ya tenía la bola. Era el niño más pequeño del equipo y sabía que tenía la oportunidad de ser el héroe del día.

Él, podría haber tirado la bola a segunda base, pero entendió las intenciones del «pitcher» y tiró la bola alto, sobre la cabeza de otro chico, en tercera base.

Borja corrió a tercera base mientras que los corredores delante de él hicieron un círculo alrededor de la base.

Cuando Borja llegó a tercera, los niños de ambos equipos, y los espectadores, estaban de pie gritando:«¡Corre a home»!, «¡Corre, Borja!».

Borja corrió al «home», se paró en la base del final y fue vitoreado como el héroe que bateó el «grand slam» y ganó el juego para su equipo. El padre, con lágrimas en los ojos, dijo: «Ese día los niños de ambos equipos ayudaron, dándole a este mundo un trozo de verdadero amor y humanidad».

Borja no sobrevivió otro verano. Murió ese invierno, llevándose al cielo la alegría de haber sido el campeón y haber hecho a su padre y a su madre muy felices. ¡Cómo recordarían siempre aquel día de béisbol!

Esta adaptación de una historia que recibí por correo, creo que vale la pena tenerla en cuenta, también en épocas de descanso, con numerosos viajes, nuevas amistades y más tiempo libre. Así, aprovecharemos para tratar con especial cariño a los menos favorecidos física, intelectual o socialmente. ¡Que en eso estemos todos!

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