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Con la vejez ¿se acaba la vida? Los años en su justo lugar

¿Por qué nos sacude la idea de envejecer? ¿Cuál es la raíz de nuestro desprecio por la ancianidad? Una respuesta cómoda es reconocer que la vejez es la última etapa de la vida, y por lo tanto nos pone de cara a la inminencia de la muerte.

Su contraparte, la respuesta incómoda, me parece que va más por la vereda de los valores estéticos y potencias físicas, que por la de una verdadera preocupación por morir. Lo que no queremos aceptar es lo que ya no vamos a poder hacer, sin embargo somos tan miopes que no podemos ver lo que hoy no podemos hacer, pero sí podremos una vez que lleguemos a viejos. No faltará quien salga con el famoso y provocador: «Ah sí, ¿como qué?»

Antes de hablar de las potencias físicas y los valores estéticos, muestro un botón. Por razones imputables al diseño natural, estamos condenados a tomar decisiones bajo la presión que ejerce la incertidumbre; presión que crece exponencialmente con la importancia que el efecto tendrá en el futuro inmediato del individuo que toma la decisión. El apremio decrece cuando se conoce la probabilidad del resultado esperado.

Un anciano, por el sólo hecho de haber vivido muchos años, conoce, ha visto y ha vivido muchas más cosas que un joven inexperto, por lo que no debe sorprender a nadie que un viejo esté siempre en mejor posibilidad de tomar decisiones complejas con cierto grado de certidumbre. No confundir el conocimiento de muchas cosas con la sabiduría, ésa es harina de otro costal, grandes filósofos han dejado su vida entera tratando de definirla sin un éxito contundente.

El llegar a viejo no garantiza la sabiduría, que va por otro lado, personalmente la resumo en la siguiente pregunta: ¿Quién es más sabio, el joven que escucha el consejo de un viejo o el viejo que da el consejo?

Regreso a la pregunta ¿de dónde nace el aprecio por los valores estéticos y físicos? Parte de la respuesta me parece que la da el conocimiento y gran parte, la presión que ejerce la cultura dominante. El conocimiento nos permite comprender, valorar una obra de arte que de lo contrario no podríamos apreciar.

El componente de mayor influencia en nuestros valores tiene que ver más con el conocimiento que con la sabiduría, y es que para que la cultura entre, hay que conocer sus reglas, estándares y modelos; dejando a la sabiduría la encomiable tarea de discernir y escoger lo realmente valioso de lo que el caudal cultural arrastra.

El conocimiento sólo se logra a través de la experiencia personal y la comunicación, esta última es el eje sobre el que ha girado, gira y girará el avance de la humanidad, debido a que la experiencia por sí sola nos dejaría al parejo de nuestro ancestro inmediatamente inferior, el animal.

La tensión entre lo real y lo ideal

Entre otras variables, nuestra vida se desenvuelve bajo la tensión existente entre lo real y lo ideal, entre la conceptualización y el resultado. Todos podemos conceptualizar una línea recta, tendiente al infinito, perfecta, pero no existe hombre o aparato capaz de trazarla. Todos conocemos lo que significa la sabiduría, pero pocos, muy pocos, han podido acercarse a aspirar a ser sabios, de hecho ninguno lo ha logrado, aún a pesar de conocer el significado del concepto.

No sorprende que la tecnología haya concentrado gran parte de sus esfuerzos en desarrollar medios de comunicación masivos; como dije antes, nuestro diferenciador fundamental de los animales. El primer gran invento en este sentido fue la escritura, le siguió la imprenta, el radio, el teléfono, la televisión, la computadora, la PC, la Mac (no quiero ofender a ningún «Mac user» clasificando tan noble aparato como computadora personal), internet, y así hasta llegar al blackberry, iPod y iPad, Twitter, Facebook…

Con el desarrollo de los medios, la comunicación de las ideas logra una eficiencia que raya en la inmediatez. Las ideas comunican modelos conceptuales de todo tipo: sociales, estéticos, filosóficos, morales, religiosos, etcétera. Su aceptación o rechazo los convierte en tendencias y cuando se van aplicando a la vida diaria el resultado son modificaciones culturales.

E AMERICAN DREAM se modificó

A partir de la segunda guerra mundial la cultura dominante se puede identificar como el American way of life; la revolución tecnológica fue precisamente producto de la visión y las formas norteamericanas fundamentadas en los ideales de democracia y libertad, donde hablar del American Dream era sinónimo del acceso a una vida mejor, íntimamente ligada a la cultura del esfuerzo.

La visión evolucionó de la mano del avance tecnológico, que poco a poco sustituyó la idea de trabajo y esfuerzo por la maximización de utilidades, disminución de costos, y reemplazo de mano de obra por tecnología. La sofisticación de las bolsas de valores, el surgimiento de mercados de derivados, NASDAQ, etcétera modificaron la fórmula del American Dream, sustituyendo el trabajo por la ley del menor esfuerzo y la maximización de utilidades como portal para acceder a la maximización del disfrute. ¿Para qué tanto esfuerzo si no se disfruta al máximo en esta vida? Se convirtió en el leitmotif.

El americano de mediados del siglo XX se esforzaba para lograr una pensión que le diera seguridad en su vejez. La velocidad de los cambios y la aceleración de las ambiciones fueron modificando poco a poco la mezcla de valores, hasta llegar a la cultura contemporánea dominada por la búsqueda de fórmulas para generar rápidamente un capital que abra la puerta al disfrute de los placeres que el poder y el dinero pueden comprar, maximización que sólo se logra plenamente si se cuenta con la madurez y fortaleza física de un cuerpo en plenitud.

Los medios de comunicación han contribuido con creces a definir los nuevos modelos y valores al materializar en las pantallas conceptualizaciones ideales que van desde modelos de belleza para el hombre y la mujer, hasta los prototipos de éxito y fracaso, llegando incluso hasta el de felicidad.

Todo cuenta con un molde predefinido por los medios, ya no tenemos que pensar; en algún rincón del planeta hay un especialista en desarrollo de mercados [Cfr. Los Numerati istmo 307] pensando por nosotros, segmentándonos de acuerdo a nuestro ingreso, ahorro, nivel de educación, edad, estado civil, preferencia sexual, etcétera, definiendo nuestras aspiraciones, gustos, ambiciones y hasta personalidades.

Su propósito es simple, jalar agua para su molino y enriquecerse, para así acceder y disfrutar de sus propias definiciones; el hombre y la mujer en edad productiva son el activo más codiciado; la sabiduría, si no reporta utilidades, importa poco; el viejo que no es económicamente autónomo no sirve de nada.

NUEVO SUEÑO AMERICANO: EL DE LOS JÓVENES

El American Way logró establecer el concepto del American Dream, gracias a la alineación de las estructuras sociales con los objetivos y conceptos del ansiado sueño. El sistema, desde sus inicios, permeaba la idea de que la educación llevada hasta el nivel profesional era la puerta más segura para aspirar a una buena vida, donde la fidelidad al empleador y al trabajo ofrecía la seguridad de un retiro a una vida digna.

El sueño americano estaba en gran medida al final del camino, en una especie de recompensa por el servicio dado. Con el tiempo el concepto fue cambiando y el sueño americano se convirtió en la posibilidad de enriquecimiento express. Las empresas de tecnología se perfilaron como el medio ideal para un Fast Track al American Dream; IBM, Microsoft, Apple, etcétera, impulsaron el milagro económico que consolidaría la posibilidad de realización del nuevo sueño americano, el de los jóvenes.

Casi todas las empresas de tecnología han nacido en el lienzo creativo de las generaciones jóvenes. Así como nació la generación de los Baby Boomers en los años 60, en los 80 surge la generación del High Tech, que se extiende hasta nuestros días.

El hecho es que el modelo del éxito tomó un tinte de juventud, donde un hombre o mujer entre los 40 y 60 años deberá contemplar el disfrute de sus bienes antes de que sea demasiado tarde. La edad productiva se redujo notablemente y el valor del Fast Track adquirió una fuerza desmedida, aumentando la presión para las nuevas generaciones, por lo que no es de sorprender que surjan movimientos como el de los indignados de Wall Street.

MEDIOS DE COMUNICACIÓN EXPRESS Y JUVENTUD

El boom de los medios de comunicación y el High Tech ha provocado que la velocidad de los cambios en las estructuras y valores sociales se den mucho más rápido que cualquier respuesta que busque un equilibrio entre ideal y realidad; simplemente todo es tan inmediato que no hay tiempo para la reflexión y la respuesta inteligente, la sabiduría se consume en la cantidad de información y se diluye en el dato.

Somos bombardeados por un sinnúmero de imágenes, conceptos y datos, que se procesan y se intentan aplicar; si se quiere encajar socialmente hay que responder a la velocidad del mensaje, no hay tiempo para hacer un alto en el camino y valorar ética o moralmente los modelos sugeridos, sólo actuamos en consecuencia ante la programación recibida.

El dinero se ha convertido en el distintivo de dignidad y respeto; el intercambio comercial ya no tiene como base fundamental el bien social sino el enriquecimiento personal en una búsqueda de ubicación en la pirámide social.

Me parece que es muy clara la nueva alineación de valores del American Way con mezcla de Fast Track, medios de comunicación «express» y juventud. ¿De qué me sirve un viejo si los modelos son tan claros y digeribles?

El viejo es una carga que obstaculiza la maximización del disfrute, es una preocupación para la que no hay lugar en el modelo hedonista contemporáneo. Todo está para nuestro disfrute y placer, desde el cuerpo hasta la relatividad moral. La invitación es: ¡Hay que disfrutar que la vida se va a acabar! y, ¿cuándo se acaba la vida?, con la vejez.

Los viejos no son los únicos que sufren los efectos de la nueva corriente de pensamiento, los jóvenes se encuentran bajo presiones inimaginables para las generaciones anteriores, simplemente la búsqueda de una vivienda y trabajo «dignos», bajo los parámetros de la cultura contemporánea, son presiones fortísimas para un joven recién egresado de la universidad. No es para extrañarse que los mecanismos evasores de la realidad como el alcohol y las drogas experimenten también un apogeo sin precedentes.

No busco sugerir que el problema es de las nuevas generaciones y su incapacidad de reflexión; el problema es de conjunto, todos, absolutamente todos estamos en el ajo. El viejo que compra la idea de que la vida se fue con la juventud está justo en el mismo nivel del joven que no puede detenerse a reflexionar sobre sus creencias, acciones y valores.

EL ENTUSIASMO NO ENVEJECE CON EL CUERPO

No deja de llamarme la atención la incapacidad que tenemos para aceptar el cambio de nuestro propio estado físico. Desde que nacemos experimentamos el cambio constante; nos educan para lo que viene, siempre estamos en miras de lo que sigue, nos preparamos para ser adultos, para trabajar, para tener una familia, pero se nos olvida la parte más importante, la preparación para la vejez.

A veces me parece que flota en el aire la idea de que la vejez cae de sopetón agarrándonos descuidados, cuando es todo lo contrario. La segunda ley de la termodinámica no habla de la generación abrupta de entropía,1 ni del estado caótico repentino de los sistemas, lo que quiere decir que envejecemos desde el primer momento en el que existimos.

Pasamos toda nuestra vida adaptándonos a los cambios físicos y estructurales de nuestro cuerpo y época ¿por qué nos cuesta tanto trabajo aceptar que vamos a ser viejos? Cierto es que las perspectivas cambian, posiblemente el esfuerzo que hace un corredor de maratón sea muy similar al que hace un viejo al subir las escaleras; la dimensión cambia, el esfuerzo no, aunque ambos requieren una actitud hacia la vida.

Qué diferente sería la vejez si el modelo que la comunica la presentara como una actitud, más que como una discapacidad. Ciertamente es una capacidad diferente a la que teníamos, sin embargo hay gente que tiene problemas físicos, o capacidades diferentes para seguir por el camino político, y nunca decimos mira a ese niño en silla de ruedas ¡pobre viejo!

En mi opinión, sentirse viejo va de la mano con las quejas tan escuchadas sobre la belleza, la fuerza, la memoria, y todas esas cosas que se fueron con la juventud, es prepararse a morir en lugar de prepararse a vivir cada día, práctica que debería ser constante sin importar la edad.

En el otro extremo, ser joven es prepararse para enfrentar los retos que la vida nos arroja, incluyendo la vejez; es enfrentar el desafío que representan esos escalones con el mismo entusiasmo con el que corríamos un maratón, después de todo el entusiasmo no envejece con el cuerpo.

Una actitud joven no es temer a nuestra falta de habilidad, sino reconocer nuestras capacidades, así como el ciego escucha mejor que quien puede ver, y el sordo ve mejor que quien puede oír, el viejo es mucho más consciente de lo que se trata este negocio en el que todos estamos que es vivir.

Una actitud joven es hacer caso omiso a las miradas lastimosas de los extraños que sólo pueden ver un cuerpo al que se le fue la belleza; es respeto a sí mismo y amor a la vida, es adaptarse al día con día sin importar lo que traiga, es mirar hacia adelante y no hacia atrás, pero sobre todo, es tener un plan de vida, la vida no se acaba con la edad, sólo cambia.

Qué diferente sería la percepción de la vejez si los medios en lugar de promover su desprecio, difundieran su aprecio.

El American Way está desgastado. La historia nos muestra una y otra vez que las grandes potencias, las culturas dominantes, caen desde adentro; el desgaste y su incapacidad de equilibrio termina por derrumbarlos. El American Way como sistema no se escapa a los postulados de la segunda ley de la termodinámica, la entropía en éste es evidente, y a menos que se ajuste, se equilibre y regrese a sus raíces, va a desaparecer.

El sistema nació con la preocupación de un reparto equitativo de la riqueza de acuerdo al esfuerzo otorgado, respaldado por la búsqueda del bien común. En la medida en que se aleje de esta concepción, su caída es inminente. La actual crisis económica norteamericana es signo inequívoco del desgaste del sistema y su lejanía con sus raíces.

Reflexionemos sobre los mensajes que emiten los medios, no dejemos que alguien más defina lo que nosotros mismos pensamos y lo que nuestros hijos piensan y pensarán, no compremos cualquier concepto o idea sin cuestionar sus fuentes y objetivos, preparémonos para enfrentar la vejez con entusiasmo, apreciemos a nuestros viejos y escuchemos lo que tienen que decirnos.

Ojalá que en el futuro, el niño se dedique a ser niño, el joven a ser joven y el viejo a ser viejo

Notas.

1 Entropía es el grado de desorden que tiene un sistema. En física se aplica a la segunda ley de la termodinámica, que dice que los sistemas aislados tienden al desorden, es decir, las cosas tienden al caos a medida que pasa el tiempo (no hay más que fijarse en el organismo de un ser vivo). Cuando la entropía sea máxima en el universo, esto es, exista un equilibrio entre todas las temperaturas y presiones, llegará la muerte térmica del universo. Toda la energía se encontrará en forma de calor y no podrán darse transformaciones energéticas.

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